El papel traicionero de la burguesía alemana en la revolución de 1848/1849

Estimado lector, enseguida un artículo del compañero Estrela.

Introducción

En este artículo queremos tratar la revolución de 1848/1849 en Alemania dividiéndola en cuatro etapas. La razón principal es porque sus lecciones siguen teniendo una importancia innegable en nuestros tiempos donde los partidos de “izquierda” o hasta autodenominados “comunistas” buscan alianzas con un u otro sector de la burguesía, convirtiéndose en su apéndice.

Las condiciones y metas en Alemania en la primera mitad del siglo XVIII

Alemania seguía dividida en múltiples pequeños estados en la primera mitad del siglo XVIII y de hecho lo siguió siendo hasta 1871. A pesar de eso el capitalismo ya había emergido de tal manera que ya estaba penetrando en el campo, por lo que las relaciones feudales estaban siendo debilitadas y en algunos casos hasta eliminadas. Sin embargo, todo ese proceso de reestructuración se daba por la vía reaccionaria, quiere decir que les hicieron pagar a los campesinos por su propia liberación, por lo que surgió una nueva clase de grandes terratenientes llamada Junker que mantenía su poder económico y también político.

La fuerza real de las viejas clases feudalreaccionarias se basaba en que tenían a disposición todo el poder político, el aparato estatal y burocrático, como el ejército (SED, 1966, p. 86)

Resumido: los territorios alemanes se encontraban desunidos y en condiciones semi-feudales, cuyo orden entraba en contradicción con el capitalismo, por obstruir su desarrollo.

¿Cuáles eran esas obstrucciones? La división del país en muchos estados soberanos, la falta de un mercado interno unitario, una legislación unitaria, la libre circulación burguesa, la unidad de medida, moneda y peso, la protección estatal contra la competencia extranjera (SED, 1966, p. 87).

Por todas esas razones la cuestión nacional era la central. Asimismo, la revolución democrática le daba las mejores condiciones al proletariado para su crecimiento, organización y lucha. Garantizándole derechos democráticos burgueses como el de la asociación; del voto general, directo y secreto; de la libertad de prensa y expresión y de armar al pueblo. Uno de los representantes principales de la revolución burguesa, Robert Blum, menciona en su llamamiento a los Freisinnigen de Sajonia, fuerzas liberales, muchos de aquellos puntos (Blum, 1981, p. 51-52).

Aunque la transformación de la propiedad feudal en capitalista ya había empezado antes, la cuestión agraria aún tenía vigencia y la incorporación del campesinado en la lucha por eliminar el feudalismo era imprescindible.

La importancia de esta revolución para Europa era tal que su triunfo hubiera significado la liberación de los pueblos oprimidos anteriormente, como el polaco, entre muchos, por los estados alemanes, más que todo por Prusia y Austria, que de su parte pertenecían a la Santa Alianza liderada por Rusia, una potencia feudalabsolutista, cuyo objetivo era mantener la hegemonía de los estados absolutistas.

La revolución democrática debía ser liderada por la burguesía, pero era cobarde y buscaba alcanzar sus metas mediante reformas y haciendo acuerdos con las viejas clases. Plantear la idea de la revolución producía incomodidad en el espíritu burgués, precisamente por los acontecimientos del proletariado en Francia e Inglaterra. Para variar estaba dividida en la cuestión de cómo debería darse la unidad alemana.

Las condiciones de sus aliados naturales: el campesinado, la pequeña burguesía y el proletariado, que eran las fuerzas principales, no eran del todo mucho mejor. Aunque ya se había abolido la servidumbre, las masas de los campesinos seguían todavía viviendo bajo condiciones feudales y se presentaba una contradicción con las relaciones capitalistas en ascendencia. Parecido le iba a la pequeña burguesía que ya perdía lentamente su base de existencia por la expansión del capitalismo. Se le sumaba su modo de producción gremial atrasado con su parcial dependencia del feudalismo. Por último, el proletariado recién se estaba formando y seguía la línea de la pequeña burguesía.

La primera etapa (finales de febrero hasta primera mitad de marzo de 1848)

En todo Europa se produjeron levantamientos contra el feudalismo, por ejemplo, en Francia donde la monarquía fue derrotada llevando a la proclamación de la segunda república el 25 de febrero.

A penas dos días después se conformó la primera asamblea popular en la ciudad alemana de Mannheim y se publicaron las reivindicaciones de marzo. Desde allí se inició la primera etapa de la revolución que se extendió rápidamente en el sur y suroeste. La reacción no tardó en dar su primer intento de sofocarla en Munich, fallando en el intento y logrando su contrario, que el pueblo tome las armas. Pero la revolución no se limitaba a la ciudad y avanzó al campo en forma de levantamientos de campesinos. Dándose cuenta de su propia debilidad las viejas clases se vieron obligadas a hacer concesiones políticas. De esa manera se eliminó la censura, se dio la libertad de asociación y expresión, así como el derecho al voto. A mitad de marzo la revolución había triunfado en los estados alemanes pequeños a medianos. Sin embargo, todavía faltaban los grandes centros de poder: Austria y Prusia. Eso iba a cambiar pronto.

Tanto así que en Colonia (Prusia) se movilizaron, por primera vez, bajo el liderazgo de la Liga de los Comunistas, entre cuyos fundadores figuran Marx y Engels, 5.000 obreros exigiendo que se cumplan las reivindicaciones populares, manifestación que solo pudo ser reprimida mediante el ejército. Poco después la revolución triunfó en la capital austriaca de Vienna contra el príncipe de Metternich. Mientras tanto la revolución llegaba a su punto más alto en la capital de Prusia, Berlín, donde hubo demonstraciones y enfrentamientos armados.

La burguesía prusiana fue lanzada a las cumbres del poder, pero no como ella quería, mediante un arreglo pacífico con la corona, sino gracias a una revolución. Y por cuanto había sido un movimiento popular el que había abierto el camino, no eran sus propios intereses, sino los intereses del pueblo de que la burguesía prusiana tenía que defender ahora frente a la corona, es decir, frente a sí misma (Marx, 1980, p. 70)

Allí empezó su papel traicionero que se conformó con las concesiones que le ofrecía el viejo estado prusiano, mientras que las masas populares, sin unidad de mando y mal organizadas, las rechazaron y lucharon hasta obligar al rey Federico Guillermo IV. a retirar sus tropas de la capital, humillándolo.

En esa batalla por el futuro de Alemania la clase trabajadora alemana demostró su rol histórico como precursora para la democracia y el progreso social. Las masas principales en las barricadas venían de ella [2/3]. Mientras que partes de la burguesía se escondía cobardemente en sus casas y en el mejor caso declaraba sus simpatías con los revolucionarios, los trabajadores ofrecían sus cuerpos y vidas. (SED, 1966, p. 96)

Robert Blum escribió: “Especialmente los trabajadores son admirables, para la burguesía, que nunca les dio o concedió nada, están listos para morir.” (Blum, 1981, p. 108). Marx lo formula de esta manera: “La burguesía no movió un dedo. Lo único que hizo fue permitir que el pueblo luchase por ella.” (Marx, 1980, p. 70) y aunque toda Alemania estaba ardiendo y el poder ejecutivo en sus manos,

todavía no había sido aplastada la contrarrevolución, aún disponía sobre posiciones de poder políticos y económicos. El ejército se quedaba en su plena disposición, los funcionarios reaccionarios seguían gestionando el aparato estatal y en el campo los Junker [terratenientes] todavía disponían de sus haciendas enormes y obligaban a los campesinos a prestar servicios feudales (SED, 1966, p. 97)

En vez de seguir con la revolución, la burguesía decidió seguir traicionando a las fuerzas democráticas, aprovechándose del aparato estatal para oprimir cualquier intento de continuarla. Dado los nuevos derechos y las nuevas libertades, el proletariado, ahora con primeras experiencias en la lucha, empezó a organizarse.

La segunda etapa (segunda mitad de marzo hasta finales de junio de 1848)

Aunque momentáneamente débil, la reacción logró mantenerse y hasta extender de nuevo su poder apoyándose en la burguesía. Tanto así que a finales de marzo se daban de nuevo manifestaciones en favor de continuar con la revolución, donde los trabajadores fungían como fuerza principal.

Se celebraron elecciones para la asamblea nacional en Fráncfort del Meno y la constituyente en Berlín, donde solo algunos pocos demócratas lograron ser elegidos, pero ni un trabajador. Ambas asambleas no cumplieron sus misiones históricas y en el caso de la berlinesa hasta renegaba del proceso que llevó a su propia constitución. La reacción espontánea de los trabajadores, todavía bajo influencia de la pequeña burguesía, era el intento de armarse, lo que fue impedido por el ejército.

Las contradicciones entre proletariado y burguesía cada vez se agudizaban, volviéndose más visible, manifestándose la primera gran ola de huelgas en la historia del movimiento trabajador alemán. Como consecuencia se formaron muchas asociaciones obreras y también surgieron los primeros sindicatos a nivel nacional. Eso era un gran paso hacia la independencia de clase, pero todavía tenía un énfasis en lo económico y escasamente veces en lo político. Si existía uno, la influencia de la pequeña burguesía ideológicamente pegaba más.

La labor de los comunistas

Desde Paris la Liga de los Comunistas, que antes ya había participado en movimientos revolucionarios de diferentes países de Europa, había preparado cientos de trabajadores alemanes para que vuelvan al país como revolucionarios, lo que se dio comienzos de abril de 1848. Poco antes se habían publicado las diez y siete Demandas del Partido Comunista en Alemania que buscaba unir a todas las fuerzas progresistas para una Alemania democrática o en otras palabras una revolución victoriosa. Engels elogió a la Liga por ser “una excelente escuela de actuación revolucionaria” y destaca que “eran siempre afiliados a la Liga los que aparecían a la cabeza del ala extrema del movimiento democrático” (Engels, 1980, p. 106).

Las elecciones para las asambleas también fueron punto de agitación por parte de los comunistas, pero su trabajo principal era en las asociaciones. Caso que no las había, las fundaban. En ellas intentaban apartar al proletariado de la influencia pequeña burguesa y desarrollar su conciencia de clase. Pero no se limitaban a las ciudades e iban también al campo. Además, abogaban por una organización de masas a nivel nacional.

Pese a fundar algunas asociaciones, no tuvieron mucho éxito en el campo de la unidad obrera, por lo que tuvieron que cambiar su táctica, significando entrar de forma crítica al partido democrático de la pequeña burguesía, desencantada con la gran burguesía y buscando un soporte en el proletariado, sin que este descienda “una vez más al papel de coro destinado a jalear a los demócratas burgueses” (Marx & Engels, 1980, p. 92), quiere decir con una línea independiente clara, apuntando a la creación de “una organización propia del partido obrero” (Marx & Engels, 1980, p. 93) que

debe actuar de la manera más organizada, más unánime y más independiente [enf. añadido], si no quiere ser de nuevo explotado por la burguesía y marchar a la cola de ésta” (Marx & Engels, 1980, p. 91)

Al mismo tiempo se fundó la Nueva Gaceta Romana como órgano de la democracia que tuvo hasta 6.000 suscriptores hasta su clausura casi un año después. En ella se llevaba a diario los lineamientos políticos de la vanguardia al proletariado; se daba instrucciones para miembros lejanos; se solidarizaba con el proletariado internacional; se luchaba por la expansión de los derechos democráticos, por la república democrática unitaria, por un gobierno popular; se criticaba a la pequeña burguesía, por ejemplo, por su federalismo, a la izquierda parlamentaria por limitarse a debates en vez de organizar la lucha entre las masas y liderarla; mientras se combatía a la reacción feudal, en especial Prusia; la gran burguesía liberal en los gobiernos y parlamentos por ser traicionera y al zarismo como centro de la reacción, entre otros.

La tercera etapa (finales de junio hasta comienzos de diciembre 1848)

Poco antes, las burguesías de muchos países europeos habían llegado a un acuerdo con las viejas clases y terminaban de esa forma las revoluciones en algunos países europeos como Inglaterra. Una insurrección importante de ese tiempo, aunque fallida, era la del proletariado francés contra la burguesía en Paris que se dio a cabo en junio. Eso lo veía la burguesía alemana y por consecuente se aferraba a la reacción, a pesar de que esta estaba en plena reorganización y acumulando de fuerzas.

Mientras tanto se fundó bajo el liderazgo de Stephan Born, un excomunista, la Fraternidad Obrera Alemana de la que eran miembro más de cien asociaciones. Aunque esa se limitaba a cuestiones económicas, resultado de la inmadurez del proletariado, ya se empezaba a discutir sobre cuestiones políticas.

Otra vez se dieron protestas en todo el país acompañados por levantamientos espontáneos que eran reprimidos. De ellos destaca el del 18 de septiembre en Fráncfort del Meno, donde se pidió la sustitución de la asamblea nacional, ubicada en esa ciudad, por un parlamento popular. La respuesta de la burguesía ante la “amenazadora oposición del proletariado y de todas las capas de la población urbana cuyos intereses e ideas eran afines a los del proletariado” (Marx, 1980, p. 71) como escribe Marx, era llamar a la reacción lo que resultaba en enfrentamientos sangrientos y en ese caso solo pudo ser decidido por la artillería.

Última tardó más de una semana en recuperar el control sobre Vienna a finales de octubre. En Berlín la asamblea nacional constituyente prusiana, corriendo peligro, se limitó a la resistencia pasiva llamando a denegar los impuestos, siendo disuelta por el rey el 5 de diciembre y una nueva constitución reaccionaria refrendada en Prussia, donde se hacían ciertas concesiones, en especial sobre el voto y la cuestión agraria.

La cuarta etapa (comienzos de diciembre 1848 hasta mitad de julio 1849)

Después de haberse reinstalada en Prusia y Austria, el poder de las viejas clases aún estaba débil, por lo que todavía no se atrevía a quitar todos los derechos anteriormente conquistados. Era tal la situación que

el triunfo de la reacción no era todavía, ni mucho menos, definitivo. Se imponía la reorganización de las fuerzas revolucionarias dispersas, y por lo tanto también las de la Liga. (Engels, 1980, p. 107)

Aunque el proletariado seguía con los mismos problemas en las organizaciones de clase, las iban superando poco a poco. Los comunistas continuaban con sus esfuerzos por la unidad y su trabajo de concientización cual apoyaban en el periódico. Ese, por ejemplo, animaba a que se discuta Trabajo asalariado y capital (1849) en las asociaciones.

Por otra parte, la burguesía liberal “gruñendo contra los de arriba y temblando ante los de abajo” (Marx, 1980, p. 72), a pesar de su situación no mostraba iniciativa revolucionaria, ni oposición a la reinstauración feudalreaccionaria. Se limitó a aprobar la primera constitución burguesa en Alemania el 28 de marzo de 1849, mediante la asamblea nacional de Fráncfort del Meno, siendo su tarea terminar con la revolución en su favor, pero nunca fue implementada en la práctica, porque fue rechazada por los grandes estados y la corona prusiana, a la que querían hacer participar en el poder.

No obstante, tenía un carácter conciliador en relación con las viejas clases y no abogaba por una república unitaria, puesto que excluía a Austria, tenía también un carácter progresista, porque centralizaba más al país e implementaba una república burguesa constitucional. Es por ello que se iniciaron batallas en su favor desde el proletariado quien salió a defenderla de la manera más consecuente posible, aunque no le tenía mucha simpatía por los puntos anteriormente mencionados. Empezaron el 3 de mayo en Dresde en el este y se extendió hasta el otro lado del país. Allí se encuentra otro ejemplo del miedo que le tenía la burguesía al proletariado, tanto así que ordenó a Engels retirarse de la ciudad de Elberfeld por temor de que ese proclamaría la república roja.

Después de que prohibieran a la Nueva Gaceta Romana viajó con Marx a Fráncfort del Meno para intentar de convencer, sin éxito, a la izquierda de la asamblea nacional a ponerse a la vanguardia del sur de Alemania, que aún seguía una línea revolucionaria. El resultado era su disolución el 18 de mayo, después de trasladarse a Stuttgart.

Intentaron lo mismo en el estado revolucionario de Baden con el mismo resultado, debido a la cobardía y las limitaciones ideológicas de la pequeña burguesía, Marx se retiró a Paris, mientras que Engels se fue al otro estado revolucionario que quedaba, el Palatinado Renano, para entrar en combate. Aunque fueron aplastados se trata de un momento histórico para el movimiento obrero alemán, porque por primera vez un ejército revolucionario se enfrentó abiertamente a uno reaccionario. Era tal la importancia que se sumaron trabajadores de todos los territorios y hasta del extranjero en el frente. Aparte de Engels también lucharon muchos comunistas más por una Alemania democrática como Joseph Moll quién cayó en el campo de batalla. El 23 de julio se perdió la última bastión revolucionaria Rastatt, con ella la revolución y abrió la ventana a la contrarrevolución.

En ese sentido la situación que prosiguió fue

El ascenso del capitalismo y la imposición del orden burgués [que] no eran evitables, pero las viejas fuerzas feudales, que no habían perdido su poder y ahora se adaptaban al desarrollo capitalista, se vieron en la situación de influenciar el diseño del nuevo orden burgués en su manera reaccionaria (SED, 1966, p. 164)

Razones de la derrota

Una de las razones de la derrota era que no había un centro político en Alemania como lo era y es Paris en Francia. Se le suma la división local y temporal de las luchas y los levantamientos. Pero los puntos más importantes eran la incapacidad de la pequeña burguesía y la traición de la gran burguesía. Antes de que acabara con sus antiguos enemigos y cumpliera su misión histórica, el proletariado apareció y buscó realizar sus propios intereses de clase. La lucha de clases mostró que el aspecto revolucionario de la burguesía solo fue para defender su propiedad privada, y si una revolución iba contra esta, la burguesía pasaría al lado de la reacción (como se dió en este caso). Asimismo, el proletariado no sólo era débil numéricamente, sino que su forma de organización política era insuficiente, reflejada en el énfasis económico de sus asociaciones y producto de su madurez ideológica.

Aunque incapaz de resolver sus tareas pendientes, la revolución de 1848/1849 tiene un legado progresivo para el proletariado, mientras que la burguesía renegaba sobre ella hasta llegar al punto de negarla. Entonces como ahora “hay que restablecer la independencia de los obreros […] y [emprender] con renovada energía la tarea de reorganizar la [vanguardia]” (Marx & Engels, 1980, p. 90).

La lección que nos deja es de forma resumida, que hay que mantener la independencia de clase y no confiar así no más en la burguesía, a diferencia de cualquier partido de izquierda occidental, donde sus bases aún creen en ese compromiso, mientras que sus dirigentes ya se han vendido en su totalidad.

Literatura

Blum, R. (1981). Briefe und Dokumente. Reclam.

Institut für Marxismus-Leninismus beim Zentralkomitee der SED (1966). Geschichte der deutschen Arbeiterbewegung. Von den Anfängen der deutschen Arbeiterbewegung bis zum Ausgang des 19. Jahrhunderts (Vol. 1). Dietz Verlag.

Engels, F. (1980). Contribución a la historia de la Liga de los Comunistas. En C. Marx y F. Engels Obras Escogidas Tomo III (pp. 99-109). Progreso.

Marx, C. (1980). La burguesía y la contrarrevolución. En C. Marx y F. Engels Obras Escogidas I (pp. 70-72). Progreso.

Marx, C. & Engels, F. (1980). Mensaje del comité central a la Liga de los Comunistas. En C. Marx y F. Engels Obras Escogidas I (pp. 90-95). Progreso.

1 Este artículo fue inicialmente elaborado para un video del Archivo Rojo del Comité de Propaganda Obrera y Socialista (CPOS) y cuenta con una traducción al alemán en esta misma página con el título Die unabgeschlossene demokratische Revolution in Deutschland 1848/1849 

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